Buenos días a todos. Hoy en Rincones de Papel os traigo un libro que me leí hace un tiempo y que tardé días en quitarme de la cabeza. Y eso que es cortísimo: poco más de cien páginas. Hablamos de Noches blancas, un relato de Fiódor Dostoyevski que parece sencillo y que en realidad es una pequeña bomba emocional.
Así que acomodaros, que esto vale la pena.
Un soñador, una mujer y cuatro noches
El protagonista no tiene nombre. Dostoyevski lo llama directamente el soñador, que ya es decir bastante. Es un chico solitario que vive en San Petersburgo, que apenas tiene amigos y que ha construido una vida interior tan rica que, en cierto modo, le sobra el mundo exterior. Vaga de noche por la ciudad hasta que una noche se cruza con una mujer joven, Nástenka, y durante cuatro encuentros —las famosas "noches blancas"— ocurre algo que cambia a los dos.
No os voy a destripar el argumento, que me conozco. Pero sí os digo que la historia no va de lo que parece al principio.

Lo que más me impactó al leerlo
Hay algo en la manera en que Dostoyevski describe la soledad del soñador que me llegó más de lo esperado. No es una soledad dramática ni exagerada: es esa soledad cotidiana de quien se ha acostumbrado a estar solo y ya ni sabe bien si eso le hace daño o simplemente es su forma de estar en el mundo.
Y cuando aparece Nástenka, todo cambia de una manera muy contenida, muy sutil. No hay grandes declaraciones. No hay escenas imposibles. Hay conversación, hay escucha, hay alguien que por primera vez ve al otro. Y eso —eso tan pequeño— es lo que destroza al protagonista. Y un poco al lector también.
Lo que más me gusta del libro es esa tensión entre el anhelo y la resignación. El soñador quiere, pero no exige. Espera, pero no agobia. Y esa actitud —tan poco habitual en la literatura romántica del XIX— lo convierte en un personaje que se te queda dentro mucho tiempo después de cerrar el libro.

Dostoyevski antes de Dostoyevski
Este relato es de 1848, cuando el autor tenía 27 años y todavía no había escrito ninguna de las novelas por las que es famoso. No hay aquí la complejidad psicológica aplastante de Crimen y castigo ni la intensidad filosófica de Los hermanos Karamázov. Pero ya hay algo que caracteriza a Dostoyevski por encima de todo: la capacidad de meterse en la piel de un personaje que sufre sin que el sufrimiento se vuelva melodramático.
Si ya habéis leído El jugador, que también comenté por aquí, veréis un Dostoyevski completamente distinto en forma pero igual de intenso en el fondo. Y si todavía no os habéis asomado a su obra, Noches blancas es el sitio perfecto para empezar: corto, accesible y con una carga emocional que no os va a dejar indiferentes.

Si os ha gustado esta entrada o habéis leído Noches blancas, dejadme un comentario con vuestra impresión: me encanta saber si un libro os ha tocado tanto como a mí o si lo veis desde otro ángulo completamente distinto. Esos debates son de lo mejor que tiene este rinconcito.
No olvidéis suscribiros para no perderos próximas reseñas. Y si os apetece seguir explorando la literatura rusa o la psicología de los personajes que se quedan contigo, podéis pasaros también por La peste, de Albert Camus, o curiosear la guía de por dónde empezar a leer a los clásicos.
Sigue leyendo en Rincones de papel:
Deja un comentario