Este 2026 se cumplen cuarenta años de la muerte de Jorge Luis Borges, y no es una efeméride cualquiera. Alfaguara ha empezado a publicar su obra completa (cuentos, ensayos, poesía y hasta conferencias inéditas), de forma simultánea en España y Latinoamérica. Buen momento, entonces, para hablar del argentino que convirtió una biblioteca en un universo.
Si nunca te has acercado a él, quizá te pase lo que a mucha gente: Borges impone un poco. Tiene fama de difícil, de erudito, de escritor para otros escritores. Y hay algo de verdad en eso, pero también un malentendido que conviene deshacer, porque perderse a Borges por miedo sería una pena.
Por qué Borges sigue importando cuarenta años después
Lo fascinante de Borges es que escribió sobre las cosas más grandes que existen (el infinito, el tiempo, la identidad, la memoria, la muerte) usando textos brevísimos. Casi nunca pasa de las diez o quince páginas. Donde otros necesitan una novela de seiscientas, él te lo resuelve en un cuento que puedes leer de pie en una librería.
Y no envejece. Sus obsesiones (¿quiénes somos?, ¿qué es el tiempo?, ¿existe el azar?) son las mismas que ahora discutimos a propósito de la inteligencia artificial, la realidad virtual o los universos paralelos. Hay relatos suyos de los años cuarenta que parecen escritos anteayer. Por eso lo siguen leyendo físicos, filósofos y programadores, no solo los amantes de la literatura.
Por dónde empezar a leer a Borges
Mi consejo es sencillo: no empieces por su poesía ni por sus ensayos más densos. Empieza por los cuentos, que son su territorio y donde mejor se le entiende.
Ficciones es la puerta de entrada natural. Ahí están algunos de sus relatos más conocidos, como “El jardín de senderos que se bifurcan” o “La biblioteca de Babel”, ese cuento que imagina una biblioteca infinita que contiene todos los libros posibles. Si solo vas a leer un libro suyo en tu vida, que sea este.
El Aleph es el siguiente paso lógico. El relato que da título al libro parte de una idea vertiginosa: un punto del espacio que contiene todos los demás puntos, un lugar desde el que se ve el universo entero a la vez. Muy Borges: una idea enorme contada con una calma casi doméstica.
He leído varios de sus relatos y no te voy a engañar: su prosa es densa, hay que ir despacio y a veces releer un párrafo dos veces. Pero tiene algo que compensa de sobra ese esfuerzo, algo casi mágico, y en El Aleph es donde más se nota. Esa mezcla de metafísica y narración le da a sus cuentos un misterio muy particular. No es el misterio de una trama que quieres resolver, es un misterio intelectual: no te asusta, te deja pensando durante días. Esa sensación no me la ha dado ningún otro autor.
Con esos dos ya tienes lo esencial. No hace falta leerlo entero ni en orden; Borges se disfruta a sorbos, un cuento aquí, otro allá.
La obra completa que llega ahora
La edición que está sacando Alfaguara reúne todo en un mismo proyecto, y tiene un atractivo añadido: incluye conferencias inéditas, esos textos en los que Borges hablaba en voz alta de sus temas favoritos con una claridad que muchos ensayos envidiarían. Para quien ya lo conoce, es una ocasión de volver a él ordenadamente. Para quien empieza, un buen empujón para hacerlo justo ahora que se habla de él.
Cuarenta años después, lo raro no es que sigamos leyendo a Borges. Lo raro sería dejar de hacerlo, cuando cada vez se parece más al mundo en el que vivimos.
¿Has leído a Borges o lo tienes como esa asignatura pendiente que da un poco de respeto? Cuéntamelo en los comentarios, que da para conversación larga.
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