Sigo con Catedral. Después de «Vitaminas», vuelvo al principio del libro, a «Plumas», el relato que de verdad lo abre. Y es un buen sitio para empezar: en unas pocas páginas, Carver mete un pavo real, un bebé espantoso y un molde de escayola con una dentadura torcida, y con eso construye una de sus historias más raras y más tristes.

Pluma de pavo real con sus colores vivos sobre un fondo verde natural
Foto: Unsplash

Una cena en el campo

Jack y Fran llevan una vida tranquila, sin hijos, contentos con lo poco que tienen. Un compañero de trabajo de Jack, Bud, los invita a cenar a su casa, veinte kilómetros fuera de la ciudad. Fran no tiene ganas de ir, pero acaban aceptando y se presentan con un pan casero.

Nada más llegar, un pavo real llamado Joey se posa sobre el capó del coche. Dentro de la casa conocen a Olla, la mujer de Bud, que les prepara una cena por todo lo alto. Y entre los adornos del salón hay algo que no esperan: un molde de escayola con la dentadura torcida y espantosa que Olla tenía antes de que Bud le pagara el aparato para arreglársela. Lo enseña con un orgullo extraño, como un trofeo de lo que ya no es.

El pavo real y el bebé

Después conocen a Harold, el hijo de Bud y Olla, un bebé tan feo que a Jack y Fran les cuesta disimular. Pero cuando Joey, el pavo real, entra en la casa y se acerca a la cuna, Fran se queda mirando la escena como hipnotizada. Algo en ese momento, el animal precioso junto al bebé feo, en esa casa rara y feliz, la conmueve de una forma que ni ella misma sabe explicar.

Pluma de pavo real pálida sobre un fondo claro y liso
Foto: Unsplash

Lo que queda cuando la noche termina

Esa misma noche, ya en casa, Fran le pide a Jack que la deje embarazada. Y ahí Carver da la vuelta a todo: los años que vienen después no se parecen en nada a lo que Fran sintió esa noche. Lo que había en casa de Bud y Olla (el pavo real entrando en la cocina, Olla orgullosa hasta de sus dientes torcidos de antes) era una vida imperfecta pero viva, de verdad compartida entre los dos. Jack y Fran tienen a su hijo y no encuentran nada de eso: Carver llega a decir que el niño ya tiene algo retorcido dentro. Fran deja de trabajar, y entre ellos ya casi no se habla. Jack, contándolo desde el presente, entiende que aquella noche no les regaló una vida mejor, solo les dejó ver, por unas horas, cómo podría haber sido la suya. De las plumas de pavo real que Olla les regaló al despedirse ya no queda casi color. Ahí está la lección amarga del relato: no se puede copiar la vida de nadie solo porque una noche lo pasaste bien en su casa.

¿Alguna vez una noche especial os hizo tomar una decisión que después no salió como esperabais? Contádmelo, tengo curiosidad.

Sigo con este hilo de Catedral. Si os apetece que analice otro relato del libro, decídmelo.


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Reacciones en fediverso

Un comentario

  1. Avatar de Helena Wagner

    @rinconesdepapel@rinconesdepapel.com Lo temible de «Plumas» es que Jack narra desde después: sabe que aquella noche fue lo mejor que les pasó y que a partir de ahí todo fue cuesta abajo. Por eso Carver deja el molde de la dentadura encima del televisor, como prueba de una felicidad ajena que se puede mirar de cerca pero no tocar.

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