Hay puertas que no deberíamos abrir. No porque escondan nada terrible, sino porque al abrirlas descubrimos algo de nosotros mismos que preferiríamos no saber. De eso va, en el fondo, «Vecinos», uno de los cuentos de ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? que más me persigue.
Hace unas semanas escribí sobre la colección entera y prometí que iría volviendo a relatos concretos. Empiezo por este, porque es el ejemplo perfecto de lo que más me fascina de Raymond Carver: cómo lo cotidiano, eso que damos por aburrido, se convierte de repente en el lugar más inquietante del mundo.
Una pareja, un apartamento vacío
Bill y Arlene Miller son un matrimonio corriente. Una vida corriente, un poco gris, con esa sensación sorda de que a los demás les va mejor. Cuando sus vecinos, los Stone, se van de viaje, los Miller se quedan a cargo de su apartamento. Regar las plantas, dar de comer al gato. Nada más.
Pero Bill empieza a entrar más de lo necesario. Y luego se queda más de lo necesario. Abre los armarios. Prueba la comida. Se mira en el espejo del cuarto de baño de otra persona. Lo que empieza como un favor inocente se convierte en otra cosa, en una especie de hambre que ni él mismo sabe nombrar.
El vértigo de querer otra vida
Carver no juzga a Bill. Esa es la maestría. No hay un narrador que se asome para decirnos «esto está mal». Solo hay un hombre que, durante unos minutos, se prueba la vida de otro como quien se prueba un abrigo, y descubre que le sienta sorprendentemente bien. Y ese descubrimiento da más miedo que cualquier crimen.
Lo que late debajo es algo que todos conocemos y casi nadie confiesa: la fantasía de ser otra persona. De abrir una puerta y salir convertido en alguien con una vida más interesante, más plena, más nuestra. Los Miller no quieren el apartamento de los Stone. Quieren ser los Stone. Y al volver al suyo, lo encuentran todavía más pequeño que antes.
Por qué quiero que descubras a Carver
Si nunca has leído a Raymond Carver, este cuento es una puerta de entrada perfecta. Apenas ocupa unas páginas y no pasa casi nada, y sin embargo se queda contigo durante días. Esa es su trampa y su genio.
A mí me apasiona la literatura de lo cotidiano, la que no necesita catástrofes ni giros imposibles para sacudirte. Carver escribía sobre gente sin dinero, sin tiempo, sin grandes palabras, y encontraba en sus cocinas y sus salones todo el vértigo que otros buscan en aventuras enormes. Por eso insisto tanto: leedlo. Hay un montón de lectores ahí fuera que todavía no saben que este hombre escribió, en voz baja, algunas de las páginas más honestas sobre cómo somos de verdad.
Y «Vecinos» es el sitio por donde empezar. Una pareja normal, un apartamento vacío, una llave que no era suya. Con eso le basta a Carver para enseñarte el abismo.
¿A vosotros no os ha pasado nunca, aunque sea un segundo, querer ser la persona de al lado? Contádmelo en los comentarios.
P.D.: Seguiré desgranando poco a poco los relatos de ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?. Si hay alguno que os apetece que comente, decídmelo y lo subo a la lista.
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