Hay gente que se cruza un momento en tu vida y la cambia sin querer. No hacen nada especial. Están ahí, siendo como son, y tú sales del encuentro un poco distinto. «Gordo», el cuento que abre ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?, va justo de eso.
Sigo comentando la colección poco a poco, como dije. Después de «Vecinos» quería volver al primer relato del libro, el que Carver eligió para abrir. Y eligió bien: en cuatro páginas ya se ve cómo escribía.
Una camarera, un cliente enorme
La narradora es una camarera. Una noche le toca atender a un hombre enorme, gordísimo, de esos de los que en la cocina se ríen. Ella no. El hombre es educado, casi solemne, y habla de sí mismo en plural, como si nunca fuera solo: «creemos que vamos a tomar otro postre». Pide plato tras plato, y en cada uno hay algo de disculpa y algo de dignidad.
No pasa nada más. Ella lo sirve, les corta las bromas a los compañeros, se queda mirándolo. Luego se lo cuenta a su amiga Rita, que no termina de pillar por qué le da tantas vueltas a una cena.
Mirar a otro y verte a ti misma
Ahí está lo bueno de Carver. El cuento no trata del hombre gordo. Trata de lo que le pasa a ella mientras lo mira. A ese hombre que los demás reducen a un cuerpo, la camarera lo mira con una ternura que no sabe de dónde le sale. Y detrás de la ternura aparece algo más incómodo: se ve su propia vida, pequeña y gris, al lado de un novio al que no quiere.
Esa noche, en la cama, cuando el novio se le echa encima, ella se siente enorme, como si fuera el hombre gordo. Y le dice a Rita que es agosto, que su vida va a cambiar, que lo nota. Carver no cuenta hacia dónde. Tampoco falta.
Por qué quiero que descubras a Carver
Si no has leído a Carver, «Gordo» es un buen sitio para empezar. Se lee en diez minutos. Una cena, una camarera, un cliente, y ya está. Pero luego le sigues dando vueltas.
A mí me gusta esta literatura de lo cotidiano, la que sacude sin pegar gritos. Carver escribía sobre gente sin dinero y sin grandes palabras: camareras, vendedores, matrimonios cansados. Y en una cafetería de carretera encontraba lo que otros buscan en aventuras enormes. Por eso insisto: leedlo. Hay mucha gente que todavía no sabe que este señor escribió, en voz baja, sobre cómo somos de verdad.
¿A vosotros no os ha cambiado alguna vez un desconocido con el que apenas hablasteis? Contádmelo en los comentarios.
P.D.: Seguiré comentando poco a poco los relatos de ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?. Si hay alguno que os apetece que analice, decídmelo y lo subo a la lista.
Sigue leyendo en Rincones de papel:
Deja un comentario